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viernes, 25 de marzo de 2011

Industrial Military Complex

(La Academia de Atenas)


Proemio


Uno.- Colonizamos cada palabra,


Dos.- Colonizamos cada dispositivo,


Uno.- Manipulamos cada disposición,


Tres.- Digitalizamos al sí mismo.




Aquí me tienes, otra vez. ¡Socorro!




Primera Escena.
Mansión de un poeta ateniense.


Uno.- ¡Nada!


Dos.- ¡Nada ha de permanecer!


Uno.- ¡Rápido! Júntenlo todo.


(Otros acumulan en el jardín todos los textos que han hallado en la mansión. Ahí entra el poeta en escena)


Ninguno.- ¡Dos, Uno! ¡Ciudadanos de Atenas! ¿Qué ocurre aquí?


Dos.- ¡Calla anciano! No alteres las disposiciones de la verdad.


Ninguno.- Estos son mis pergaminos. No tienen derecho a poner sus manos sobre ellos.


Uno.- Son ellos, anciano, los que no tienen derecho a permanecer.


Ninguno.- ¿Pero de qué demonios están hablando?


(Dos abofetea a Ninguno, éste cae al suelo)


Dos.- ¿Te atreverías a contravenir la voluntad del Dios?


Uno.- ¿Serías capaz de llegar al fondo so pena de anatema por parte de la asamblea?


Ninguno.- ¿Voluntad? ¿Qué Sin-Dios se atrevería a exigir en la asamblea la incineración de todo escrito? Abismo fue quien votó semejante proyecto.


Uno.- ¡Blasfemo! (Patea a Ninguno en el rostro) ¡También tú perecerás! (Se acuclilla a su lado y continua, lentamente.) Serás abatido por la misma llama que queme los pliegos de mentira y falsedad de tu propia carne.


Dos.- De tu propio espíritu.


(Silencio)
(Después Uno se para a su costado, señala la pila de pliegos, tratados y folios separados)


Uno.- ¿Antepones tus estúpidas letras a tu patria?


(Silencio)


Uno.- Entonces calla, esto es lo que debe ser.


(Arroja su antorcha sobre la pila de textos. Dos acercase a darle su propia antorcha. Uno la tira en Ninguno.)


Escena 2
Un jardín de la Academia


Platón.- Bien. Nada de esto ha de permanecer. Sólo el discurso justo de lo que es Dios.
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La virgen y las pezuñas

( Fragmento I)

Nereida.- ¿Crees tarden en regresar?
Noto.- Son hijos del trueno, cada quien regresará.
Nereida.- Yo te pregunto por el viento Noto,
No por la voluntad del Bóreas paterno.
Noto.- Son hijos del trueno, cada quien regresará.
Nereida.- Noto, esto parece un chiste.
Noto.- Son hijos del trueno, cada quién regresará.
Nereida.- ¡Ya!, no es gracioso hermano viento, responde,
¿Crees tarden en regresar?
Noto.- ¿Qué me importa?
Yo sólo soplo, solo me soplo a mÍ.
Nereida.- ¡Mira! Son ellos que regresan,
Regresan hasta aquí.
Noto.- Son sólo las olas, tus hermanas,
Que sueñan secar en mi viento su humedad.
Nereida.- Más que viento pareces miedo, hermano,
Más que miedo pareces carne.
Noto.- Más que viento soy quemado,
Más que fuego soy viento mortal.
Soy fuego y sangre que se carna.
Soy sangre y fuego mortal.
Soy sangre y paz amiga,
Soy carne de mi carne en mi leche,
Soy el ponto que se muere
Por morir en tus orillas de intemporal.
Nereida.- ¡Ay no! ¡Eres un simple cerdo!
¿Cuándo vendrá realmente
El canto del viaje del héroe inmortal?
Noto.- Mira hermana, veo un barco,
pero es un canto de señal,
cargamento de cabras que claman en ordeña.

(Un barco que carga bacantes, entre las olas, viene cada una con sus sátiros)

Semicoro de Bacantes.-
Coctau es metal,
Pero incluso los genios se pueden equivocar.
Uno ante uno mismo.
Los genios en vanidad mortal,
Homicida,
De muerte de hermanos
Entre los juegos de dios,
Uno y unO mismo,
Uno mismo y Dios mortal.
Carne asada, del carnero deicida
Empalado de su propia magia,
De su propia palabra sin sonido
Del ritmo suicida
De la carne de su metal
De su silencio sin frío labios, sangre del mar

Semicoro de Sátiros.-

¿Bacantes feministas?
Es sólo para la reunión,
Para la fiesta del dios,
¡No para la noche oscura de otras eras!
Dionysios, Dyonysiós,
Las barcas de la cabra macabra,
¡Macabra, que marca y marca la señal!

¡Las brujas que giran los antiguos caldos del abismo,
Las antiguas fiestas en una piedra milenaria del Dios!
Monte Calavera! Que te invita… a matar!

No, no, no. Todo mal con eso eh!

Semicoro de Bacantes.-

Bueno
Eran otras eras
Otros sueños y otras
Banderas, incandentes
De sus silbidos irididos; de
Los estallidos sin sentido al final.
De bombas y bombas que te explotan
De explosiones sónicas del próximo
Oriental.
Siempre fueron ellos, los mismos,
El árbol de la tierra occidental.

Semicoro de Sátiros.- Creo que no hablamos de los mismos. Pero sabes qué…
Olvidalo.
¿Lo único que interesa es saber qué vamos a decir de aquél?

Semicoro de Bacantes.- ¿Qué vamos a decir,
Pues lo uno y lo mismo,
Como pequeños ciervos al servicio de la mensajería de Dios,
Las astas de ciervo asesinado,
Son llamas, narcisismos
Y todo el plan de la pequeña alimaña, esa.
Semicoro de Sátiros.- Ningún hombre es una isla,
Pero doscientos años bastan y sobran para destruir el mundo.
Semicoro de Bacantes.- ¿Quién puede saber el sentido de sus palabras?
Ni tus hermosas cabras sabrían mirar alividadas,
Solo la preocupación de lo sinsentido.
Puras palabras vanas que festejan alebradas.
Semicoro de Sátiro.- ¿Semi-libradas dirás?
No sólo de dragones se compone el alma el hombre.
Mucho menos que la del héroe divino,
Hijo del trueno y la carne mortal.
Semicoro de Bacantes.- ¡Ay! Tus libros, ¡Ay, ay, ay!
Semicoro de Sátiros.- No soy yo quien canta y canta toda atildada.
Semicoro de Bacantes.- Semi-hiladas querás decir, cabra amigo,
Que te llamarás Sátiro, pero igual comes pasto.
Semicoro de Sátiros.- ¡Qué! ¿Ya quieres dormir?
Semicoro de Bacantes.- ¿En qué época te vertiste en circo?
Semicoro de Sátiros.- Silencio, estaremos en el mar,
pero esta balsa es de cedro de Tracia.
Semicoro de Bacantes.- Bueno, que los sátiros también saben
Del mal humor y la abstinencia.
Semicoro de Sátiros.- No es mal emblema, simplemente
Que en tanta sal no caben
Mis fermentos y mis invocaciones.